MEMORIAS DE UN VENEZOLANO EN EUROPA

                                                   

 

 

 

(síntesis)

 

 

        La presente es una síntesis de las “Memorias” que en su columna semanal de “El Periódico de Occidente” de Guanare, capital del Estado Portuguesa, ha venido publicando el Profesor Evelio Pérez Cruzzatti a su regreso de Europa.

 

 

 

 

FUNDAEUROVEIN

FUNDACIÓN EUROVENEZOLANA DE INTEGRACION

Guanare, Estado Portuguesa

Prof. Evelio Pérez Cruzzatti

 

 

 

                             Memorias de un venezolano en Europa  (I)

                               

 Evelio Pérez Cruzzatti*

 

        Por la gracia de Dios Nuestro Señor, y con recursos propios,  decidí trasladarme un buen día a Europa, el Viejo Continente. Fue una experiencia extraordinaria, pletórica de motivaciones y éxitos, todo lo cual me incita, como venezolano y en mi función de comunicador y docente, a reseñar cada detalle o vivencia que pueda considerar de interés en beneficio de la transmisión del hecho cultural  a nuestro pueblo, como lo he venido haciendo deliberadamente, a través de esa labor pedagógica y formativa que por la gracia del Altísimo -reitero- me ha tocado desempeñar espontáneamente con el más legítimo orgullo y honda satisfacción.

 

        Sé que es necesario comenzar diciendo esto, para aclarar cualquier posible duda o pregunta al respecto, como por ejemplo, ¿quién te financió?, ¿cómo hiciste para viajar por esos países y venir tan contento o realizado?  Mi trayectoria profesional y mis modestos conocimientos de la historia universal y la lingüística, así como la disciplina,  fe y  optimismo que orientan mis actos son el basamento de esta hermosa jornada, esa es la respuesta sencilla y sincera. Ahora, quiero agregar que todo cuanto diga o comente de ello, deberá estar respaldado por la más absoluta sinceridad, la verdad objetiva y el criterio justo  de lo que he visto, conocido, observado y anotado con gran interés, pues ese ha sido mi objetivo fundamental en mi rol de investigador acucioso y analítico, para poder captar con fidelidad la realidad de cada cosa en un periplo extenso, de miles de kilómetros o millas, que recién acabo de culminar.

                                                                            

         Resumo pues, diciendo que es mi mejor deseo al regresar a mi patria amada el de poder seguir siendo útil a ustedes, respetable público lector y audiencia de mis programas radiales y televisivos, deseando de todo corazón que podamos entonces imitar los buenos ejemplos y seguir el camino de superación que hoy por hoy exhibe la comunidad europea, en disfrute de plena libertad, democracia, orden social, respeto al prójimo y sus intereses, a la naturaleza y sus recursos, a la familia, a la vida en términos generales. ¿No es digno entonces de seguir tal ejemplo? Estoy seguro de que los venezolanos, si nos proponemos, con conciencia de lo que somos y debemos ser,  seremos capaces también de elevarnos moralmente y espiritualmente hasta esos estadios de civilización y cultura cívica que distinguen y califican a los ciudadanos que habitan el viejo continente. Creo entonces conveniente presentar un primer enfoque sucinto y somero de la realidad de la Europa del presente, vista por un venezolano de espíritu crítico y analítico, como he señalado.

 

        La Unión Europea, constituida por la gran mayoría de los países que conforman  geopolíticamente el área territorial continental de esa parte del planeta tierra, es una confederación voluntaria de naciones, cuya sede gubernativa está en la ciudad de Bruselas, Bélgica, que han decidido unificarse para establecer formas comunes de convivencia que les garanticen ciertos márgenes de igualdad social, económica y política que difícilmente podría lograr cada país por su parte, separadamente. Existe un Parlamento Europeo que funciona en la mencionada ciudad, desde donde se generan las leyes que deberán cumplirse en todo el territorio de los países afiliados, como si fuese, por ejemplo, la confederación de estados que conforman desde su independencia, bajo un gobierno federativo, los Estados Unidos de Norteamérica, o -valga la comparación- como el conjunto de naciones que integraron hasta su disolución, la extinguida Unión Soviética de Repúblicas Socialistas, URSS. La U.E., es una confederación total pero, como es bien sabido, basada en un sistema tradicional capitalista liberal. Cada nación tiene sus propias leyes y rige su propio destino, dentro del esquema sociopolítico general de la Unión. Hay allí repúblicas, principados, reinos, que conviven armoniosamente, respetando cada cual los intereses de los demás países, miembros o no miembros. A manera de ejemplo, vemos los casos de Suiza (Unión Helvética) y el Reino Unido de la Gran Bretaña, vinculados al sistema pero que mantienen aún su propio signo monetario (el franco suizo y la libra esterlina, respectivamente) en vez del Euro, que es la moneda común en la Unión Europea, por razones poderosas financieras y de estabilidad económica, pues sus signos tienen un peso específico, es decir, un valor económico pecuniario que supera al del euro y que les garantiza su privilegiada estabilidad social y económica con un ingreso per cápita de sus nacionales en Suiza y el Reino Unido (Inglaterra) que viene a ser el más alto de Europa.

 

        Particularmente pienso, al encontrarme frente al estado de desarrollo y ese elevado nivel social y cultural de los europeos, que Europa sí aprendió las amargas lecciones de la guerra, de las dos grandes guerras mundiales que la devastaron. Aquellas naciones que quedaron arrasadas por el horror del nazismo, incluida Alemania, hoy lucen hermosas, no se ven signos o vestigios de aquel horrendo drama.  Se respira un aire de libertad e igualdad en toda Europa, brilla el orden como el progreso y la justicia social. Claro, ha habido excepciones y existen, como siempre, amenazas que no pueden ser soslayadas. Recordemos, por ejemplo, la guerra fratricida entre los pueblos servios y croatas, los problemas religiosos y también fratricidas en Irlanda, el segregacionismo etarra y la mano negra y solapada del terrorismo internacional, que da zarpazos como el de hace sólo un año en la estación ferroviaria de Atocha, en pleno centro de Madrid, etc.

 

        Aún así, creo que los europeos, como parodiando aquel llamado “sueño americano”, están logrando vivir con alegría y dignidad su “sueño europeo”. Así se nos presenta hoy Europa, como una bella dama, hermosa, respetable y madura, como un bello sueño de realizaciones bendecido por el Creador, ojalá, y es mi más ferviente deseo que ya manifesté al comienzo de estas palabras, en nuestra América y particularmente en nuestra Venezuela, si no nosotros los de ahora, los venezolanos del futuro, nuestros hijos o nietos, o bisnietos...                                                                     puedan disfrutar de un patria así consolidada, ¿por qué no?, en una América Latina evolucionada, próspera y libre. Claro está, el esfuerzo deberá ser inmenso, y tenemos que empezar por corregirnos a nosotros mismos y tratar de ser cada vez mejores ciudadanos, con respeto a la vida y a las instituciones,  al hogar y la familia, a la naturaleza, a las leyes, al orden social en general. Si nos proponemos, podremos sentir esa satisfacción que este humilde servidor de ustedes siente al regresar de otro mundo, por que así es realmente, y de allí vienen las denominaciones de “Nuevo Mundo” y “Viejo Mundo”. El nuestro, acá, tiene todo lo necesario para ser igual, aquí también tenemos bellezas e inmensas riquezas, sólo nos queda saber utilizarlas racionalmente y disfrutarlas, dando gracias a Dios por habernos dado esta gran patria y permitirnos ver diariamente y al retornar                  -la “vuelta a la patria”, como dijo el poeta-, y como también expresó otro gran bardo: cómo resplandecen y se esparcen tus dorados rayos, ¡oh, “claro sol de mi país!”.   (continúa)

  *  Escritor.  Académico de la Lengua.

 

 

 

MEMORIAS   (II)

 

                                  Evelio Pérez Cruzzatti*

“Los mitos en Europa”

 

        Continuemos relatando mis experiencias y observaciones en el reciente viaje realizado al viejo continente. Todos sabemos de alguna manera qué es un mito, término originario de la lengua griega (mythos), del cual el Diccionario de la Real Academia Española DRAE dice en su cuarta acepción:  Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen”. Voy a referirme acá no a los mitos de carácter grandioso o histórico propiamente, como los de la cultura helénica y romana, sino a esas creencias o tendencias a considerar algunas cosas como reales e inmutables, y que realmente no lo son.    Por ejemplo, siempre hemos escuchado opinar acerca del carácter arrogante y chocante de los españoles en la Península, en la propia España, o del temperamento flemático y sectario de los ingleses en su isla, de la frivolidad de París o sensualidad de las mujeres parisienes, del fanatismo hacia la “fiesta brava”, las corridas de toros, en la misma España, etc... Pues bien, lo que se comenta acá en América, o en Venezuela, de todo ello no es así ciertamente, son especies de “mitos menores”, diría yo.

 

        Bueno, mi presencia en Madrid me ha revelado entonces que si alguna gente en Europa es amable, comunicativa, elegante y cordial, son los madrileños. Basta con transitar a diario por “La Gran Vía”, el “Paseo de Alcalá”, o entrar a cualquier “tapa” o cafetería, o almacén o librería, para percatarse de esa amabilidad, esa alegría de las muchachas madrileñas en aquellas hermosas y amplias calles, tan gentiles y sonrientes, y gentes de todas las nacionalidades deambulando sosegadamente, con el mejor talante, por ejemplo, cerca de la Puerta de Alcalá, o cerca de la Plaza de España, o en establecimientos aledaños a la Plaza Mayor, donde se conversa con simpatía y espontaneidad, así lo he sentido en Madrid y también en la bella Barcelona.

 

        En Londres existe quizá la gente más culta de Europa, qué gentileza en el trato, qué corrección en el lenguaje, en su “inglés británico” hablado o escrito. Claro, ese idioma es para ellos, no un simple instrumento o medio de comunicación de ideas, como en algún otro país de habla inglesa, sino un auténtico e invalorable patrimonio cultural, de ahí su celo y fina pronunciación, aparte de su gentileza. Pregunté varias veces, al salir del hotel “Jurys Inn London”, en Inslington, donde estaba alojado,  sabiendo, a propósito, para constatar esa realidad, a alguien en la calle: “Excuse me, sir...” (disculpe, señor) y me contestaban de inmediato: “Yes, sir...?” (, señor?) Luego decía:  “Can you please tell me the way to Piccadilly Circus”, o, “Oxford Circus?”, (¿me puede usted decir la vía hacia Piccadilly Circus, u Oxford Circus?), siendo la respuesta: “Oh, Piccadilly?, Of course! Take the bus seventy three” ( ¿Piccadilly?, por supuesto, tome el bus setenta y tres). Volvía yo a indagar: ( “Yes, thanks, but, on foot, walking…” (Sí, gracias, pero, a pie, caminando) “Ah, walking?… Ten minutes straight and then four, five to the left” (Ah, caminando?, diez minutos derecho, luego cuatro o cinco a la izquierda). Entonces finalizaba: “All right, thank you very much, sir” (muy bien, muchísimas gracias, señor), recibiendo una  respuesta  por demás amable: “Have a good day, sir…” (Que tenga un buen día, señor). Igual amabilidad en calles, museos, como el Británico, o frente al Palacio Real de Buckingham  los vigilantes a caballo, o establecimientos y “pubs”, ¡qué cordialidad!

 

        París es bella, fría en lo natural por el clima, pero incandescente en bellezas, principalmente de noche, la “ciudad-luz”, como su Torre Eiffel, símbolo emblemático de toda Francia. Al caer la noche, a eso de las ocho a nueve pm., se ve la torre perfectamente iluminada, pues durante el día es como un guardián de la ciudad, pero en reposo, su estructura de trescientos metros de acero. De noche, repito, se ilumina como toda París, y cada diez minutos resplandece en forma intermitente, como si fuese un gigantesco arbolito de navidad, y su faro en la cúspide extiende un haz de luz potentísima que llega a toda la ciudad y orienta desde lejos a los aviones y viajeros nocturnos. Al salir del hotel (“Ibis Bercy 2”, Porte de Bercy, Charenton), a la orilla del río Sena (la Seine), cada  mañana, sentía como una canción de paz y armonía aquel sonsonete: “Bon jour, monsieur...” (buenos días, señor), en la voz de una dama recepcionista, que me  obligaba cortésmente a su ineludible respuesta: “Bon jour, madam”, o, “Bon jour, mademoiselle...”  Reitero que es como un canto ese cultísimo saludo, y voy a graficarlo: Ustedes conocen aquella canción que dice, “Despierta, dulce amor de mi vida... Escucha mi voz vibrar bajo tu ventana...” Bueno, esa misma es la entonación (como en Re Mayor, o mejor en Sol Mayor), como “des-pie-er-ta...” es “bon-chúr--sie...” (transcripción fonética del francés del autor).

 

        Con relación a otros “mitos” y tradiciones, como la de “la fiesta brava”, que es orgullo nacional de España, es ostensible su decaimiento: ya no hay buenos toros como antes ni los toreros son como los de antes, el espectáculo es cada vez más caro para el público, por los costos, y la pasión ahora en la madre patria descansa en dos pilares: el fútbol, con su Real Madrid, “los galácticos”, muy aporreados por cierto por el triunfo  del Barcelona, y la mayor euforia: su “héroe nacional” del presente, ¡Fernando Alonso!,  el joven corredor de la Fórmula Uno -con cuatro primeros lugares, un segundo y un cuarto- a quien el propio  Mickael Schumaher ha elogiado como un futuro gran campeón de automovilismo, ¡vale!.  (continuamos)

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* Escritor. Académico de la Lengua

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEMORIAS (III)

                                 Evelio Pérez Cruzzatti *

“Pagar los platos rotos en París”

                             

        Pues bien, hemos hablado en artículo anterior acerca de “los mitos en Europa”, algunos perdurables a través de los siglos y otros no,  porque su consistencia es espuria, o sea, que no soporta ningún análisis de comprobación o aproximación a la realidad.

                         

        A pesar de todo ello, en todos los pueblos del mundo desde la remota antigüedad existen  mitos cuya permanencia es admirable, pues no fenecen ni son olvidados. Ejemplos: los de la antigua Grecia y Roma, Hércules, Aquiles, Ulises, Eros (Cupido), Venus (Afrodita), el de la diosa “Cibeles” en Madrid, así como el de “Pyrinée”, la mujer más bella de Europa, a quien el mítico Hércules raptó, habiendo engendrado un hijo de él,  que murió  pequeño, y al no poder ella tener otro, la abandonó, muriendo la bella fémina  aislada en aquellas  montañas que desde tiempos remotos son llamadas en su recuerdo “los Pirineos”, límite geo-toponímico y orográfico entre España y Francia.

 

      Acá en América, el mito de “Amalivac”, el de “El Dorado”, que trastornó por su codicia a los conquistadores y colonizadores europeos... ¿invento de los indios?.. El precioso mito venezolano de “Caribay y las cinco águilas blancas” inmortalizado por el ilustre escritor merideño Tulio Febres Cordero. Bien, pero volvamos a Europa, a Francia, donde presencié un “mito” que no tiende a desaparecer sino a engrandecerse y que, por supuesto, es bien viejo.

 

Vean ustedes cómo se presenta este llamado “mito”, término derivado del griego “mythos”. Una noche temprana caminaba yo animadamente en compañía de mi gran amigo, excelente persona y coterráneo guanareño, Publio García Rivero, con su esposa francesa Katherina y su hija Gladis (Igor, su otro hijo, no nos acompañaba esa vez) por las calles de París. Él, con su honorable familia, vive allá; tienen su bello hogar en la Rue Dombasle de la capital francesa. Entonces, salimos a caminar y pasamos por la Sorbona, la iglesia de Saint Michel, el llamado Barrio Latino y Montparnasse, donde se reúnen en tertulia los poetas y demás intelectuales, y mientras íbamos caminando por una calle estrecha pero muy bien iluminada -como todo París- empezamos a escuchar algo como un ruido de gentes, risas y platos o vajilla que se quebraba en un local nocturno de entretenimiento, una tasca, diríamos.  Al pasar por el sitio le observé a Publio que algo estaría pasando allí, y me contestó que no pasaba nada, que todo estaba normal. Entonces seguimos, fuimos a Notre Dame, entramos con reverencia al grandioso templo, nos tomamos fotos y nos regresamos, y al pasar nuevamente por aquel sitio del gran ruido (cosa rara en París) ahí vi que la cosa era más patética: un individuo quebraba platos tirándolos a la calle y sonaban estruendosamente: “crash, crash, plín, plín...” (digámoslo así, onomatopéyicamente) y por supuesto le pregunte a Publio que qué era lo que pasaba. Vino la explicación y me dijo que ellos, los del negocio, un  restaurante, eran griegos, y que era una tradición de ellos lo de quebrar los platos en la puerta del negocio, tal vez para atraer suerte y para “enganchar” clientes...

 

        

 

        Y yo los veía, quebrando los platos de bellísima porcelana, y un ayudante iba a la barra, a unos diez o doce metros, y volvía cada vez con  cuatro o seis platos, y el que estaba en la puerta  los tiraba al suelo, ¡y ambos  muertos de risa!  El que los quebraba, cuando nos paramos a ver el asunto, nos decía, como a todo el que pasaba: “¡Avant, bienvenue... avant, bienvenue...!”, en francés (en castellano: “adelante, bienvenidos... adelante, bienvenidos...”). Así, al llegar a la casa de Publio escribí un “micro” intitulado “Pagar los platos rotos en París”, el cual concluye de esta manera:  “...Si usted sucumbe a la rareza de su invitación y a la tentación de pasar y degustar los exquisitos platos de la comida griega y sus bebidas, whisky, vino o cerveza, después de una gran noche de placer y encanto en el restaurant Mythos, a la hora de cancelar la cuenta -que le mostrarán con la misma sonrisa pícara y cordial del primer momento- usted se dará cuenta de que es usted mismo quien tendrá que ‘pagar los platos rotos en París’, y no será un mito sino la más transparente y metálica realidad...”  Si gustan ir, acá tengo la dirección:  MYTHOS”, Ambiance et orchestra Grees 11, rue de la Huchette 75005 Paris, France.  Entonces,  ¡bon appétit! (continuamos)

(Próximamente, MEMORIAS : “Giovanni Paolo Secondo. De Roma a En los brazos del Señor”). 

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* Escritor. Académico de la Lengua

 

 

MEMORIAS (IV)

                                                                               Evelio Pérez Cruzzatti *

 

Giovanni Paolo Secondo

“De Roma a En los brazos del Señor

 

        Hace ya tres meses, estando yo en Roma, “la ciudad eterna”, fui testigo de un acontecimiento histórico de carácter universal: el paso a la eternidad del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Giovanni Paolo Secondo (así lo llamaban los italianos), o Karol Voityla, el Papa Juan Pablo Segundo, nacido en Polonia. Yo había llegado a Roma en mi gira de investigación histórico-cultural el día viernes primero de abril y luego de tener alojamiento en un magnífico hotel del este de la urbe (Holiday Inn Express), me dirigí directamente al Vaticano, pues ya era noticia, “vox populi”, el estado de gravedad del pontífice y era propicia la visita a la Plaza y Basílica de San Pedro para tener mejor conocimiento del hecho. Así lo hice, tomando las dos líneas del metro, la “azurra” (azul) desde la estación Ponte Mammolo hasta Termini y luego de allí la “rose” (roja) hasta la estación Ottaviano-San Pietro, cuya salida está ubicada a unas diez cuadras rectas -las cuales caminé- hasta la columnata de la Plaza de San Pedro.

 

       Gran cantidad de público se encontraba en el recinto, de distintas nacionalidades, algunos orando por la salud del Papa, otros llorando, además de turistas, periodistas, fotógrafos, camarógrafos, etc. Esa tarde, después de haber entrado sin ninguna dificultad (se decía que había paso restringido, o grandes colas de gente para entrar...)  al interior del imponente templo, que es como si dijéramos el vórtice de la fe católica en el mundo, y observar, entre otras maravillas de la cultura universal y la religión,  estatuas de santos y santas, naves, la cúpula, el púlpito donde los papas pronuncian su servicio, y allí debajo ¡la tumba del apóstol San Pedro!, discípulo amado de Nuestro Señor Jesucristo y continuador de su magna y santa obra del Evangelio, y de haber presenciado tras su cristal el cuerpo de Juan XXIII, “el papa bueno”, quien pareciera más bien estar dormido, con la cara iluminada y su túnica roja y blanca sotana y las manos cruzadas sobre el pecho, y de haber visto también la imponente “Pietà”, la “Piedad” de Miguelangelo, unos pasos a la derecha del cuerpo del antes mencionado pontífice, después de todo ello -acoto- salí a la plaza y  compré en la Posta Vaticana una postal donde aparece Voityla con su báculo y su eterna sonrisa frente a la basílica.

 

        No parecía probable que al día siguiente (sábado dos) aquel gran hombre,“el papa viajero”, dejara de existir en este mundo. Yo estaba en algún lugar de Roma al enterarme de la noticia y tras un breve análisis decidí dirigirme a la Plaza y Basílica el día siguiente por la mañana, domingo tres de abril, pues ya era de noche el sábado de su fallecimiento (dos de abril) a las 2l:37 horas, según el parte oficial del Vaticano, el cual recibimos a través de la televisión. Ya antes, ese sábado, había dicho en italiano , en misa por el Sumo Pontífice celebrada en la Basílica de San Giovanni de Laterano, el cardenal Ruini: “Già vede e tocca il Signore” (“Ya ve y toca al Señor”) y  el diario romano “Il Messagero” (“El Mensajero”) titulaba en primera plana,  con una expresiva foto del Papa orando: “L’ultima Via Crucis” (“El último Via Crucis”).

 

        La prensa europea ha destacado a los funerales de Juan Pablo II como los más apoteósicos que se hayan visto en el mundo; más de doscientos jefes de estado estuvieron presentes, incluyendo presidentes, primeros ministros, reyes, príncipes y obispos y prelados de otras religiones como la ortodoxa, hebrea y musulmana. El día domingo 3 de abril, correspondiendo a la tradicional ceremonia del Ángelus en la Plaza de San Pedro, frente a la basílica y en presencia de una clamorosa multitud de distintas nacionalidades y un coro de doscientas voces y cuatro enormes pantallas de televisión ubicadas estratégicamente para ser vistas desde cualquier ángulo, fue el Réquiem, la “Misa de la Divina Misericordia” In Memoriam Joannes Paulus Secundus. Dijo entonces el Cardenal Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, en latín, y yo lo anoté allá y transcribo ahora al castellano:  Requiem eternam. Requiescat in pacem. Dominus voviscum” (“Réquiem eterno. Descanse en paz. El Señor sea con vosotros”). Luego expresó:  Gloria Patri et Fili et Spiritu Sancti descenda super vos”. “¡Aleluia, Aleluia!” (“La Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre vos”. “¡Aleluya, Aleluya!”).

 

        Algunos titulares de periódicos de Europa, en diversos idiomas, revelaron la importancia del acontecimiento en páginas completas a todo color, por ejemplo, “Il Messaggero”, matutino de Roma, sábado dos de abril: “L’ultima Via Crucis”, y el domingo 3 de abril: “Il Papa di tutti” (El Papa de todos), y en DVD y VHS publicó: “Per tutti, in ricordo del Papa di tutti” (Para todos, en recuerdo -o memoria- del Papa de todos). El diario “Corriere della Sera” (Correo de la Tarde), edición romana, domingo 3 de abril: “Il Papa che ha cambiato il mondo” (El Papa que ha cambiado al mundo), “In Italia 3 giorni di luto nazionale” (En Italia tres días de luto nacional). El periódico  británico “Irish Independent” (El Independiente Irlandés), sábado 9 de abril: “At home in Heaven” (En casa en el Cielo); “Le Figaro” de Francia, viernes 8 de abril: “Le monde rèuni autour de Jean Paul II” (El mundo reunido en torno a Juan Pablo II). “Cronaca di Roma” (Crónica de Roma), lunes 4 de abril: “Roma, Cuore del Mondo” (Roma, corazón del mundo), “Milioni di persone per i funerali” (Millones de personas para los funerales). “Il Messaggero” de Roma, lunes 4 de abril: “L’addio” (El adiós), “Il cardinale Sodano: Giovanni Paolo il Grande” (El cardenal Sodano: Juan Pablo el Grande). Y algo muy interesante: la edición especial de “Primo Piano” (Primer Plano), encartada en “Il Messaggero” del domingo 3 de abril dice: “Il cardinale Ratzinger: ho ricevuto l’ultimo saluto e un ringraziamento per il mio lavoro” (El cardenal Ratzinger: he recibido el último saludo y un agradecimiento -reconocimiento- por mi labor). En criollo diríamos: “el que va a salir se asoma”, ¿verdad? El martes 19 de abril (fecha de Fiesta Patria en nuestra Venezuela) la “fumatta blanca” (“humo blanco”, en italiano) y la frase “Habemus Papam” (“Tenemos Papa”, en latín) señalaban al mundo que Joseph Ratzinger, alemán, considerado el brazo derecho de Juan Pablo II, había sido electo como el nuevo Papa Benedicto XVI. En cuanto a Juan Pablo II, quien, sin duda, ya descansa en los brazos del Señor, la aclamación del público en la Plaza de San Pedro durante sus funerales “¡Santo súbito!”, y las palabras del cardenal Sodano: “Giovanni Paolo il Grande”, permiten vaticinar la posibilidad muy cierta de que en fecha tal vez no lejana sea canonizado. Quiero finalizar esta crónica expresando humildemente, con  sentimiento de hermandad cristiana, estas palabras: “Sic transit gloria mundi” (“Así es de pasajera la gloria del mundo”, frase latina). Gloria Eterna Te Deum. Una sola es y habrá de ser por siempre la Iglesia de Cristo, Amen.

 

*  Escritor.  Académico de la Lengua     (traducciones  del  latín, italiano,  francés  e  inglés   del  autor  de  esta  crónica,  EPC.-   Gre., 02/07/2005)

 

 

MEMORIAS (V)

                                                                                       Evelio Pérez Cruzzatti *

 

“EUROPA SE ESTREMECE...  LONDRES RESISTE...”

 

        Estas expresiones, así presentadas,  parecieran ser una réplica, o extraídas de la prensa europea o norteamericana de los años terribles de la segunda guerra mundial. Me han venido a la mente estas palabras para titular la presente crónica de mis “Memorias de un venezolano en Europa” en su quinta entrega consecutiva. No es al azar que digo y escribo ésto, al referirme a la realidad dramática y patética que le ha tocado una vez más  soportar el noble pueblo inglés y, en especial, los habitantes de “la City”, la egregia Londres.

 

        En este sentido, recomiendo leer o releer la parte I de estas Memorias, para constatar lo que allí expresaba yo de esa realidad europea en cuanto a la paz, la libertad y  el orden social que reinan tanto en el Reino Unido de la Gran Bretaña como en toda la Unión Europea, factibles de ser -como de hecho lo han sido ahora- perturbados seriamente por acontecimientos ocurridos el jueves siete del corriente mes.  Decía yo entonces en la página          , de fecha                               , de este diario: “Se respira un aire de libertad e igualdad en toda Europa; brilla el orden, como el progreso y la justicia social. Claro, ha habido excepciones y existen, como siempre,, amenazas que no pueden ser soslayadas. Recordemos por ejemplo la guerra frqtricida entre los pueblos servios y croatas,y los problemas religiosos y también fratricidas en Irlanda, el segregacionismo etarra y la mano negra y solapada del terrorismo  internacional, que da zarpazos como el de hace sólo un año en la estación ferroviaria de Atocha, en pleno centro de Madrid, etc.”

 

 

 

MEMORIAS (VI)

                                              Evelio Pérez Cruzzatti *

“VISIÓN POÉTICA DE EUROPA”  (1)

 

Es mi deseo sincero, al continuar relatando estas “Memorias”, el de ofrecer  una versión diferente de la realidad objetiva que he venido presentando en cada una de estas crónicas de mi viaje por distintas  regiones, ciudades y pueblos de  la Unión Europea.  Hemos reseñado la forma de vida actual, el pasado, eventos y momentos históricos trascendentales que han ocurrido en el Viejo Continente,  algunos de los cuales me han tenido como testigo presencial en mi reciente estadía allí. Ahora, quisiera comunicar mi visión particular de la realidad, de las bellezas naturales y escénicas, como de las vivencias de las gentes de ultramar, al otro lado del inmenso Océano Atlántico, que es, en sí, todo un poema de grandeza telúrica e imponderable  que nos separa enormemente en el tiempo y en el espacio, permitiendo el origen de las precisas denominaciones de “Viejo Mundo” y “Nuevo Mundo”, pues el romanticismo de desafiarlo, navegarlo, atravesarlo y conquistarlo fue el que originó esta gran aventura sui generis que se denomina ¡América!

 

    Admito que para nadie sería fácil representar poéticamente lo que son  la manera de vida, la búsqueda de un destino y la forma de interpretar el acontecer en aquel lado del planeta tierra. No obstante, al formarnos una idea de todo ello, aunque somera y muy particular, como la mía, podemos especular tal vez o asomarnos a una interpretación de lo que pueda presentarse como de naturaleza lírica o poética en esa dimensión planetaria.

 

    Es necesario ser breve,  y digamos entonces -como ya lo anoté en estas “Memorias”- que Europa se nos presenta, hoy por hoy, como una bella y respetable dama, madura, experta, seductora, cautivadora...  El ritmo de vida en la U. E., en las grandes ciudades, como París, Londres, Roma, Madrid, Bruselas, Venecia, Florencia, Berlín, Barcelona, Ginebra, etc., o en cualquier otra ciudad, pueblo o provincia, y la forma en que se preserva el entorno natural, la pulcritud y respeto al ambiente, el “blooming” de los elementos de la naturaleza misma en la primavera, el florecimiento de las plantas en los parques y jardines, el deshielo  de los campos al pie de Los Alpes, así como en la campiña francesa e inglesa,  con aquel verdor en sus praderas, y los viñedos, los girasoles abiertos,  las aguas cristalinas de los arroyos y ríos que bajan, por ejemplo, por el Valle de Aosta de las escarpadas cumbres cubiertas de hielo como el “Mont Blanc” (el pico más alto de Europa, en Francia) y el “Matterhorn” (emblema natural de Suiza), los preciosos lagos encajados en la alta topografía intermontana, con sus cisnes, ánades y ánsares nadando felices y despreocupadamente, la fauna recuperada de Europa que pace en tales parques y áreas libres, donde pueden ser presenciados y admirados y fotografiados sus especímenes sin atentar en forma alguna contra su tranquilidad o seguridad, todo ello constituye un poderoso motivo de inspiración poética. En Europa cada ciudad, desde las más pequeñas hasta las grandes urbes, exhibe con orgullo alguna o varias de estas áreas que atraen poderosamente a los turistas de todo el mundo. Así vemos cisnes airosos en los parques de Londres, ánades y patos mandarines en las albercas del Parque del Buen Retiro de Madrid, junto a su magnífico vergel de  “La Rosaleda”; cisnes también en “le lac Léman” ( el lago Léman) de Ginebra, Suiza, con su emblemático “jet d’eau” (“el chorro de agua”), precioso lago alrededor del cual pueden visitarse parques zoológicos o subir en teleférico y esquiar junto a las cumbres nevadas de los Alpes, o visitar las zonas rurales y comprar a los campesinos en sus cabañas sus exquisitos y bien ponderados quesos de cabra.

 

Es igualmente un poema contemplar en Roma cómo discurre mansa y calladamente –como guardando  atávicos secretos-  el río Tíber  (Tévere)  que se antoja como una enciclopedia milenaria e itinerante, cuyas aguas semejasen las páginas abiertas de la historia universal que está plasmada en cada rincón de “la ciudad eterna” fundada por Rómulo y Remo, con los dramas profundamente humanos que representaron la República y el Imperio Romano, con sus “césares”, en su Foro, en su Colosseo, en las ruinas de cada templo, del  Palatino, la basílica Julia, las Termas de Caracalia, sus monumentos; sus “Jardines de la Villa Borghese” y la Fontana de Trevi, a la que acuden los esperanzados mortales a depositar una moneda en sus aguas pensando en lograr cumplir un deseo.... Y el Vaticano, con sus invalorables tesoros materiales y espirituales, ¡qué grandiosidad!  Y Venecia, la de Marco Polo, la que una vez fuera capital cultural y comercial del mundo, romántica, vibrando entre sus islas y canales al vaivén de sus góndolas, con su Duomo en honor al apóstol San Marcos,  su “Puente de los suspiros” y sus vidrieras adornadas por sus maravillas del “arte murano”... Y Firenze (Florencia), cuna del Renacimiento, con su “David”, su “Neptuno”, su “Hércules”, con su Duomo de “Santa María del Fiori” y tantos testimonios incomparables de las obras del alma sublime e inspirada de un Michelangelo Buonarrotti, un Leonardo da Vinci, un Boticelli, un Bruneleschi,  un Dante Alighieri y un Nicolás Maquiavelo... un Amerigo Vespucci, y hasta un Cosme de Médici  (a quien he considerado yo “el Rico Mac Pato del Renacimiento”, valga la disgresión),  poderoso y acaudalado mecenas de aquellos inmortales artistas y financista de reyes soberanos.

(continúa)

 

*Escritor. Académico de la Lengua

 

 

 

MEMORIAS (VI)

                                  Evelio Pérez Cruzzatti *

“VISIÓN POÉTICA DE EUROPA”  (2)

 

        Hemos hablado también de París, ¡oh, París!, con su incomparable y vigilante Torre Eiffel, su precioso río Sena (la Seine),  la Isla de la Cité y “Notre Dame”, entre cuyo campanario pareciera asomarse, curioso, “Cuasimodo”, el jorobado;  su Opera Garnier, su grandioso templo de “la Madelaine” de estilo griego, como “el Partenón”, sus jardines, palacios y museos, Versalles,  Louvre,  D’Orsay,   su “Concorde”, plaza de la Revolución, sus soberbios                                                                                                     “Campos Elíseos” y el Arco de Triunfo, donde  recordamos orgullosamente los venezolanos que está inscrito para siempre aquel ínclito nombre: “Miranda”, el de nuestro Precursor...

 

        ¡Oh, Madrid!, hermosa, elegante, egregia... Con tu sin igual “Fuente de las Cibeles” y la “Fuente de Neptuno”, tu Paseo del Prado, tu Puerta de Alcalá, tu Gran Vía y Paseo de Alcalá, tus radiantes mujeres con sus sonrisas y la enigmática y deslumbrante mirada de sus ojos... “Your Spanish eyesSpanish eyes that I adore…” (“Spanish eyes”: “Ojos hispanos”, canción);  tus atardeceres, tus palacios, como el de Comunicaciones y el Palacio Real frente al la catedral de la Almudena, tu “Vía Mayor” y “Plaza Mayor”, donde se respira historia y tradición europea, tu emblemática “Plaza de España” con su monumento a Cervantes y al “Caballero de la Triste Figura”, Don Quijote, sobre los lomos de su Rocinante,  y su fiel escudero Sancho Panza, siempre a su lado, montando su Rucio... Y Barcelona, Catalunya, con su  originalísimo “Temple de la Sagrada Família” -de la inspiración de Gaudí- cuyos ingentes pináculos o agujas, de estilo único naturalista y más bien surrealista, apuntan al infinito... y su Montjui,  y su puerto y sus “ramblas”... Y qué decir de Córdoba y su Mezquita , de Sevilla y su Guadalquivir y su grandiosa Catedral y la Giralda, de Granada y su Alhambra mozárabe y sus patios andaluces, y Toledo y Castilla, y Valencia, con los recuerdos de su “Cid Campeador”... ¡España toda, como Italia también, y Europa misma, constituyen un inmarcesible poema de amor y de grandeza!

 

        ¡Oh, Londres!, grandiosa, señorial, inmensa... Tu cultura, tu historia y la amabilidad de tus gentes, tu Big Ben, tu Támesis, tu Hyde Park y la belleza de tus “muchachas de porcelana”,  de ojos cristalinos y profundos como las aguas del  Mediterráneo distante, o del propio Mar del Norte, tu vecino, junto a los acantilados de Dover y el Canal de la Mancha...

 

        Así es Europa para un poeta, es como una odalisca, que extasía y  embruja, como la sirena que adormece y cautiva al viajero marino y le hace sucumbir con sus cantos, como “Pyriné  y sus encantos, la más bella mujer, seducida por el mítico Hércules y después abandonada en aquellas montañas que de ella reciben su nombre, “los Pirineos”. Es como la sinfonía de un Schubert, un Mozart, un Tchaikowski, un Beethoven y un Strauss, todos juntos, cantándole a la vida en cualquier rincón del metro de Madrid, de Roma, de París o de Londres, o en Viena, a  orillas del Danubio, o a la vera del Rhin, del Ebro, del Po,  es la melodía que escapa, fresca y primaveral, de las manos y el aliento y los instrumentos sonoros de los músicos populares, que, esperando una dádiva, interpretan, para los transeúntes y para el recuerdo: “Inolvidable primavera / aquella en que te di mi amor...”,  “Reloj, no marques las horas / porque mi vida se acaba...”, o  “Quiéreme mucho, dulce amor mío / que amante siempre te esperaré...”, o las sublimes notas de  “El cóndor  de los Andes ya voló...” (“El cóndor pasa”), transportadas del Ande milenario de Sudamérica a las plazas y

 

parques europeos. Es escuchar un concierto en el momento del cambio de la vistosa y marcial Guardia del Palacio Real de Buckingham en la capital británica. Es como escuchar la dulce voz de cristal de una muchacha saludándonos al amanecer en algún lugar de París: “Bon jour, monsieur... Au revoir”,  o en algún sitio de Londres: “Good morning, sir... Have a good day”,  y así... todo ello es poesía, es alegría, es esperanza, ¡es la vida en Europa!, como la anhelamos y soñamos para nuestra Venezuela y nuestra América. ¡Dios bendiga, como a aquél, a este continente! Así sea.

 

*Escritor. Académico de la Lengua

 

 

 

MEMORIAS (VII)

                                                                                           Evelio Pérez Cruzzatti

“DON QUIJOTE CABALGA EN VERSO...

Y VA A LA DERECHA”

Con especial deferencia, quiero dedicar estas “Memorias” a mi distinguido amigo y consocio académico Don Héctor Pedreáñez Trejo, Individuo de Número y Directivo de nuestra egregia Academia Venezolana de la Lengua, Correspondiente de la Real Española, llanero cojedeño, así como también llaneros son los ilustres Don Alexis Márquez Rodríguez (barinés y guanareño) y Don Manuel Bermúdez (apureño de cepa), con lo que, como dice nuestro dilecto amigo, Dr. José La Riva Contreras, respecto a Don Alexis y mi persona en un artículo de prensa,  el llano           -como el Estado Portuguesa- “ha estado y estará armoniosamente representado”. Aunemos a esta pléyade intelectual a Don Oscar Zambrano Urdaneta, quien es trujillano, nuestro muy distinguido Director Académico. A todos ellos va esta dedicatoria y saludos fraternales.

 

Pues bien, “Don Quijote cabalga en verso... y  va  a la derecha” he intitulado esta crónica, pues, estando en meses pasados en Madrid, tuve la oportunidad de adquirir un libro de la Editorial Everest, de León, España, que traje como obsequio a uno de mis nietecitos, el muy travieso y de gran curiosidad intelectiva Jesús Manuel Rodríguez Pérez, hijo de mi hija Luisev. La obra lleva por título “Don Quijote cabalga entre versos” y  es escrita por destacados poetas españoles y latinoamericanos como homenaje al gran Cervantes en los cuatrocientos años de la publicación de la primera parte de “El Quijote” (año 1605) y dedicado especialmente a los niños, con una temática hermosa, rimada y muy pedagógicamente orientada a estos tiernos lectores que se inician en nuestra inigualable lengua castellana. Yo le agregué lo de “...y va a la derecha”, y voy a explicar el por qué.

 

Pues bien, al finalizar mi gira por Europa, a mi arribo a Venezuela, adquirí en Caracas un ejemplar de uno de los más prestigiosos periódicos de la capital, el cual traía encartada una revista muy bien documentada y presentada, que nos habla de don Miguel de Cervantes y su extraordinaria obra cumbre, “El Ingeniosos Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Entonces -y aclaro que con todo respeto al mencionado diario y su revista- vi algo que me llamó la atención: una foto impresa sobre el texto literario nos muestra al grandioso monumento dedicado a Cervantes y Don Quijote que fue erigido en 1929 (autor, Lorenzo Coullout V.)  en la “Plaza de España” de Madrid. En dicha foto, copiada al revés, aparecen Don Quijote y su corcel a la izquierda de su fiel escudero Sancho Panza sobre su “Rucio”, y como yo he estado allí y he andado entre las estatuas mencionadas y traje postales del monumento, puedo decir que están invertidas las imágenes, como cuando nos vemos en un espejo. Esto ocurre con cierta frecuencia en las impresiones literarias, tal vez por descuido o por desconocimiento del asunto, cuando el negativo es montado o copiado al revés, y, repito, con todo respeto a las respectivas publicaciones y su magnífico contenido, considero mi deber formular la aclaratoria, porque mi función pedagógica ante nuestro pueblo venezolano me obliga amablemente y éticamente a aclarar y señalar lo que la realidad nos presenta, para evitar equívocos. 

 

En la postal anexa, que traje de Madrid, podemos ver los dos personajes apareados, en actitud de ir conversando en una de sus andanzas, como si Don Quijote -a la mano izquierda la lanza, la derecha en alto, la cara erguida y mirada escrutadora, las riendas encajadas en el pico de la silla de montar,( detrás, el gran Cervantes, observando atento el comportamiento de sus geniales criaturas)-  le dijese a su escudero:  “¡Deteneos, Sancho! ¿Podrán acaso ver tus menguados ojos desde esa precaria altitud en que os encontráis lo que mis hidalgos, aunque cansados mas avizores, vislumbran desde mi propia  eminencia? ¡Preparaos a entrar en combate!,  pues aquellos hombres a lontananza parecen ser aguerrido enemigo que conduciendo gruesas y veteranas tropas se apresta a detener nuestro avance...” Y pareciera entonces contestarle el fiel y pragmático escudero: “¡Ay, no, mi Señor! ¿No ve Su Señoría que son sólo  unos cabreros del lugar que cuidan sus inocentes animalillos que mansamente pacen sobre verde loma?

 

Finalicemos con esta cita del poema “¡Ay, no, Don Quijote, no!”, de Liliana Cinetto, incluido en la obra indicada “Don Quijote cabalga entre versos”, adquirida por mi en la Librería “Casa del Libro”, en la Gran Vía de Madrid:

 

                               “Será aquello que se ve, / a lo lejos, un castillo / con torres y capiteles / y su puente levadizo? / ¡Ay, no, Don Quijote, no!, / otra vez se ha confundido, / que es sólo una venta más / como tantas del camino”.

 

                               “Será acaso que un enano / da señal de mi venida / tocando con su trompeta / una bella melodía? / ¡Ay, no, don quijote, no!, / otra vez se ha equivocado, / que es el porquero quien toca / su cuerno desafinao”.

 

                              “Y será acaso el alcaide / de tan noble fortaleza / quien me ofrece estos manjares / cuando me siento en su mesa? / ¡Ay, no, Don Quijote, no!, / otra vez lo ha imaginado, / que el ventero le ha servido / un desabrido pescado”.

 

  *  Escritor. Académico de la Lengua